El Comienzo del Fin (Parte Primera)

 “Es un buen momento para terminar”. Esa es la idea que me venía rondando ya la cabeza desde hace algún tiempo. La disolución, semanas antes del comienzo del campeonato, del equipo de fútbol aficionados en el que iba a jugar esta temporada (la 2006/07) era el preludio de otra etapa aciaga.  

Visto lo visto, acepté el reto que me propuso un amigo de ir jugando diversos pequeños torneos que se iban celebrando de vez en cuando. Pero jugar uno o dos fines de semana al mes no es la mejor forma de tener la regularidad necesaria para desarrollar mi mejor juego. Y menos aún cuando ni siquiera se realizaban entrenamientos antes de cada torneo. Pero es que era eso o nada.

A la vista está que nunca he sido ni seré un Ronaldinho, un Del Piero o un Shevchenko. Tampoco es esa mi ambición. Yo me conformaba con dar unas cuantas pataditas al balón los fines de semana.

Pero cuando nadie del grupo de amigos se anima a hacer nada de deporte resulta muy difícil. Unos pasan porque trabajan, otros porque consideran más sano los ordenadores y el tabaco que el deporte, y otros por simple holgazanería –como dirían Celtas Cortos, “tranquilos mejetes en vuestro sillón-. Así, entre lo mal jugador que soy, y el progresivo abandono de los últimos años, ya no sé ni como golpear al balón… y eso en el año en el que he tenido la mejor forma física de mi vida (antes de que empezaran las lesiones, entiéndase).

Podría animarme a mí mismo a buscar de nuevo un equipo, a empezar otra vez de cero como ya hice otros años. Pero esta vez algo ha cambiado, ya no tengo ánimos para seguir, entre casi todos lo han conseguido: dejo el deporte que más me gustaba practicar. De veras que creo que es mejor parar ahora que seguir persiguiendo un balón que me quema en los pies.

Por eso agradezco, una vez más, que la persona que ha ido buscando “bolos” esta última temporada me haya ofrecido la oportunidad de terminar con un campeonato que se prolongará durante todo un mes, y que me va a permitir disfrutar de estos últimos toques de balón.

Es verdad que con más de la mitad de los miembros del equipo no he jugado nunca antes, que no los conozco y que no podemos tener la compenetración que da el estar habituado a su forma de juego. Cierto que tampoco somos lo  que se dice un equipo de ganadores, ni que la juventud sea nuestra principal baza (solo cuatro bajamos de los 30). En cambio, salimos a pasárnoslo bien, a hacerlo lo mejor que podamos, aún a sabiendas de que los demás equipos son mejores y a que somos la cenicienta del grupo.

Así llegamos al martes pasado, cuando jugamos el primer partido. Como no se pueden pedir milagros, el marcador no nos fue nada favorable. En mi caso no me encontré tan mal como pensaba, quizás incluso algo suelto cuando iban pasando los minutos. Y encima con el dorsal 15 a la espalda… qué buenos recuerdos me trae.

Ahora me quedan entre dos y cuatro partidos (depende de cómo quedemos en los partidos siguientes, aunque lo normal es que sean solamente dos). Y todo parece pesar menos cuando sabes que el final está cerca, que dentro de nada cuelgas las botas.

No creo que eche esto de menos, pues es un retiro elegido, no forzado. Además, supongo que seguiré practicando deportes individuales (en los que no necesito a nadie para practicarlos: atletismo, musculación,…), que en principio cubrirán, como lo han hecho estos últimos años, el hueco que deja el fútbol. Aunque deberé reflexionar si merece la pena (si el medio puede convertirse en un fin)…

 En cualquier caso, gracias por esta última oportunidad.

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