Religión y Ciudadanía en las aulas

…Y ahora nos intentan imponer el pensamiento único. Esa es la principal conclusión que se extrae de la pseudo-asignatura que algunos quieren llamar “Educación para la ciudadanía” (EpC).

Este experimento trata de sustituir las clases de religión de toda la vida por un no-se sabe-muy-bien-qué, cuyos resultados pueden ser desastrosos para nuestros jóvenes y para la sociedad en general.

En mi opinión, el sistema actual de enseñanza de la religión no está tan mal. Por una parte, aquellos que deseen instruir a sus hijos en la fe cristiana (la mayoría, como veremos) tienen esa opción. Quienes no lo consideren así, siempre pueden optar por la asignatura de ética, que ofrece esa libertad de culto que contempla la constitución.

Entre los supuestos contenidos de EpC estarán el inculcar a los chavales que la democracia es el sistema político que defiende los valores de la libertad, pero… ¿Cómo leches se puede adoctrinar en eso? ¿no es algo que debe surgir de la voluntad de cada persona? Si imponemos estos pensamientos, ¿no estamos rompiendo automáticamente los principios en los que se basa la democracia?

Otro ejemplo más, si aleccionamos a los jóvenes en que la paz debe prevalecer, y que todas las guerras son ilegales e ilegítimas (como sugieren algunos), en primer lugar sucumbiremos ante quienes no creen en la paz, esos que atentaron contra EEUU (y los estadounidenses) en Nueva York, contra España (y los españoles) en Madrid y contra el Reino Unido (y los británicos) en Londres, por poner algunos ejemplos. ¿Os acordáis del capitulo de los simpsons en el que Lisa pide como deseo la paz en la tierra y ésta es invadida por alienígenas con palos?

En segundo, renunciamos a la Historia, que siempre se ha escrito con la sangre de las grandes batallas. ¿Nadie se acuerda de la Reconquista?¿Ni de la Guerra de la Independencia? ¿y de tantas otras que han permitido a los Estados modernos llegar a su situación actual?. Así pues, implicaría elaborar no solo un temario de Educación para la ciudadanía, sino revisar el contenido de Historia, para contarles mentiras a los alumnos.

Por el contrario, tendríamos la mayor generación de aspirantes a miss universo jamás vista, las que siempre anhelan y responden “la Paz mundial”, auque les preguntes por el tiempo que hace hoy.

También se centrará EpC en el respeto a otras religiones, como por ejemplo la musulmana. Resulta curioso. Los que tanto daño han causado (y siguen causando) al mundo occidental desde tiempos inmemoriales, ahora son bienvenidos. Claro, aquí tenemos que hacer como el rey y el presidente del gobierno, agasajar cuando pisa España al rey de Arabia Saudí, Abdulá bin Abdelaziz. Y eso aunque, tal como señala Alfonso Rojo en ABC, “buena parte de los millones donados por príncipes y emires para «obras caritativas», sirven para financiar las redes del odio”.

Por supuesto, de acuerdo con EpC, tenemos que se respetuosos y permitir que este ser financie la construcción de mezquitas en España, pese a que niega la “apertura de una iglesia cristiana en su territorio. Aunque sea para la colonia diplomática y los trabajadores extranjeros”. Por supuesto, también hay que poner reparos al “trato dispensado a las mujeres, a quienes se prohíbe conducir, en cuyos carnet de identidad no aparecen sus caras, sino la foto de su respectivo padre”, siempre citando a A. Rojo.

Tres cuartos de lo mismo con referirse al “fenomenal” trato que los saudíes proporcionan a los homosexuales, cuyo matrimonio, paradójicamente, fomenta la EpC. Raras contradicciones… Tolerar a los que son intolerantes con lo que los demás debemos tolerar (¿?).

Además está el problema de la financiación. Leo en el diario La Razón que este año, en el que esta (pseudo) asignatura ni siquiera existe, se ha concedido una subvención para que la fundación Cives “forme” a los “docentes” de esta (pseudo) asignatura. ¿Qué problema hay en ello? Pues nada menos que el presidente de esta institución es un diputado socialista, y arduo defensor del laicismo y la segunda república. En consecuencia tenemos una nueva forma de malversación de fondos públicos. Me temo lo peor. Sin ir más lejos, seguro que las clases prácticas de esta asignatura consistirán en quemar iglesias, como antaño se hiciese –desafortunadamente- en este país.

Si en los colegios se imponen las ideas de esta asociación, estaremos alentando un modelo político republicano, mientras el Rey asiste impasible a este esperpento. Al final, voy a acabar descreyendo (más de lo que ya hago) de Juan Carlos I.

Lo que subyace en todo esto es que, como el abuelo republicano de ZP pereció en la Guerra Civil, su nieto se ha tomado como objetivo personal la instauración de una nueva república. Y ello aún cuando este sistema supuso, contrariamente a lo que se intenta hacer creer, el fin de la libertad y la honradez en España allá por 1931, pues ¿se puede considerar demócratas a quienes perseguían y asesinaban a los miembros del clero?

En verdad lo que se pretende es desplazar del primer plano social a la Iglesia Católica, aprovechando para ello uno de los vacíos legales de la Constitución Española. Efectivamente, que esta reconozca a España como estado aconfesional no deja de ser más que una mera declaración de buenas intenciones. De muestra, un botón: según el Centro de Investigaciones Sociológicas, en torno al 80% de los ciudadanos españoles se consideran católicos. Por tanto, no cabe definir a España como una nación laica, sino como católica, pues así lo creemos todos.

Es más, cuando se intenta apartar sistemáticamente a la creencia religiosa mayoritaria, deben tenerse en cuenta una serie de consideraciones de importante calado. Por una parte de corte social, con un creciente descontento de quienes se sienten católicos.

Pero es que también desde el punto de vista económico hay repercusiones. Tal como señala Juan Velarde -Premio Príncipe de Asturias de las Ciencias Sociales en 1992-, hay que considerar que la Iglesia “presta servicios en exclusiva, de modo gratuito, demandados, además, por un considerable porcentaje de la población. […] La contribución de la Iglesia en servicios -desde bautizos, a entierros pasando por procesiones y bodas-, es tan enorme, que […] resulta ridículo no tenerla en cuenta”.

“En segundo lugar, en España el Estado de Bienestar ha llegado al límite de su capacidad asistencial”, y tal como señala el último Premio Nobel de Economía, Edmund Phelps, “el que las jubilaciones, las prestaciones sanitarias, no hagan quebrar con rapidez el sistema, en parte se debe a que la presión social se aminora como consecuencia de la ayuda de la Iglesia”.

Pero hay más aún, pues también “se encuentra la atención al patrimonio artístico español en la considerable parte que se alberga en instituciones eclesiásticas. […] Si la Iglesia no existiese, el daño sería enorme”, según Velarde. En este caso, tenemos en Murcia un ejemplo perfecto. Basta con acercarse al Museo Salzillo para percatarse de la inspiración religiosa del escultor. ¿Qué hubiese sido de este gran artista de no haber sido por la Iglesia Católica? Este mismo argumento se puede extender a gran parte de la Historia del Arte tanto española como universal: arquitectura, pintura, escultura música,… todo este patrimonio ha llegado hasta nosotros gracias al papel desempeñado por la Iglesia.

Y, volviendo al tema central del artículo, la educación, de nuevo Velarde señala que “la enseñanza concertada en centros de la Iglesia, es muchísimo más barata que la pública.[…] Sin, por ejemplo, los algo más de un millón de alumnos que se atienden en centros vinculados en la Federación Española de Religiosos de la Enseñanza, surgiría un problema literalmente aterrador para nuestra economía. Es una auténtica y barata externacionalización del servicio de la enseñanza obligatoria”.

Al margen de estas ventajas, están admás las morales, pues la enseñanza religiosa versa a los alumnos en temas como la solidaridad, el respeto, la rectitud moral, el amor al prójimo, la misericordia, el perdón, y un sinfín de valores decentes para cualquier persona.

Sinceramente, me pongo en lugar de aquellos que sean padres, y preferiría que mis hijos de 12 años (a los que está dirigida EpC) leyesen la Biblia y el Antiguo Testamento a que presten atención a algunas de las lecturas recomendadas por la propuesta del Ministerio de educación. Entre estas se encuentran Ali Baba y los 40 maricones (cuya portada aparece reproducida al pie de este blog), o Safer Sexy. The Guide to gay, que el manual del Ministerio define como una "guía gay con artísticas fotografías sobre sexo seguro", que como ustedes presuponen no es el material más adecuado para chicos de 12 años.

En consecuencia, prefiero cien mil veces que sea la Iglesia quien enseñe valores a mis hijos que una panda de degenerados (como Cives) cuyas intenciones no están (o a lo mejor sí) claras del todo. EpC nace desde el odio y el revanchismo, y por tanto nada bueno puede conllevar. No puedo concebir como los que van de progres, abanderando la libertad de expresión y pensamiento, no dudan en crucificar a cualquiera que no piense como ellos.

En fin, que si lo que realmente quieren es cargarse a la Iglesia -para lo que la supresión de la asignatura de religión es el primer paso-, pues que lo digan abiertamente. Que digan la verdad: que lo que están intentando es imponer el dogma único; y la Iglesia, con su gran capacidad de convocatoria, les estorba.

Pero para ello no hace falta poner excusas tan ridículas como esta Educación para la ciudadanía. Quién sabe, puede que con ella todos los chicos lleguen a ser tan tontos como su autor: Zapatero.

 
 

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