Entre Chueca y los tópicos

El pasado jueves era el día del orgullo gay, y este año ha sido Madrid la ciudad designada para acoger el festival europride, que básicamente consiste en exaltar y mostrar el lado más desenfrenado de la comunidad gay.

De este modo, el madrileño barrio de Chueca, se convertirá durante unos días en el centro principal de actos y celebraciones, al tiempo que se convierte en un referente esta comunidad en toda Europa.

Aprovechando esta oportunidad, voy a intentar expresar, en las siguientes líneas, mi opinión al respecto.

Al margen de la opinión que cada persona tenga sobre lo que la homosexualidad representa, resolución que cada uno debe meditar y adoptar de acuerdo con la libertad que caracteriza al régimen democrático, y con la experiencia que sus propias vivencias le hayan conferido, no creo que la celebración del día del orgullo gay, en la forma que adopta actualmente, sea la manera más adecuada para conseguir la tolerancia de sus detractores.

Efectivamente, a tenor de las imágenes ofrecidas en los distintos programas  que he visto, parece que la máxima aspiración de parte de los asistentes es ponerse los modelitos más estruendosos que poseen para captar la atención de las cámaras, y una vez conseguido, hacer el típico comentario jocoso y salido de tono.

Quiero dejar claro antes que nada que conozco a personas homosexuales, y mi trato para con ellas no difiere al que tengo con otras personas. Pero si un amigo (ya sea homo o heterosexual) se me presentase con los atuendos que llevan las personas que van a este festival, sin duda le recomendaría que cambiase de estilista, porque no es cuestión de dar el cante.

Esta celebración, en mi opinión, nace en las ganas de los asistentes de mostrar al mundo que “existen”, creyendo que la sociedad los considera aún como unos excluidos sociales, nada más lejos de la realidad. Tienen la idea de que los que los que son “normales”, siguen teniendo una mentalidad cerrada y que condenan a los que, como ellos, son “diferentes”. Son estas dos palabras las que sin duda subyacen en la mente de muchos (no todos, por supuesto, pues generalizar siempre es un error) de los que van a las celebraciones como la de Madrid, la dualidad entre normal y diferente.

Y quizás ese sea el problema, mientras parte de esta comunidad se siga considerando marginada, y vea la necesidad de estruendosas manifestaciones, más dificultades van a encontrar para que un segmento cada vez mayor de la población acepte su postura.

Personalmente (y sin querer juzgar a nadie), tienen mayor mérito quienes, en el día a día, se toman su orientación sexual como algo natural y lo dicen naturalmente, sin necesidad de recurrir a tópicos trasnochados.  Que no se celebre un “día del orgullo gay” a lo mejor sería el primer paso para la aceptación de la homosexualidad como algo normal y corriente. Pues yo, que me considero heterosexual, no veo la necesidad de tener un día “especial” para celebrarlo… ¿no debería ocurrir lo mismo con aquellos que han decidido compartir su vida con alguien de su mismo sexo?

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