Vivir el Heavy Metal

Si el primer fin de semana de agosto lo dediqué al Natural Music Festival, el segundo (del jueves 9 al sábado 11) era el turno del Leyendas del Rock, donde se daban cita algunas de las mejores bandas del rock y del heavy metal español. De hecho, a bote pronto solamente se me ocurre destacar las ausencias de Beethoven R., Avalanch y Mago de Oz.

 

La cosa, por tanto, prometía, como el paso de las horas se encargarían de demostrar. En cualquier caso, y pese a que las comparaciones son odiosas, e incluso injustas, me gustaría establecer aquellas  básicas entre el Leyendas y el Natural:

 

·          En primer lugar, la cita esta vez era más cerca, pues el Leyendas se celebraba en Mazarrón, y por tanto daba un mayor margen de maniobra y libertad a la hora de movernos por los alrededores, e incluso de regresar a la capital murciana, como después relataré. Quizás por ello, tenías la sensación de estar más como en casa, pues a fin de cuentas nos encontrábamos en nuestra tierra.

 

·          En segundo, es muy difícil encontrar gente a la que le gusten lo suficiente ambos estilos de música como para asistir a los dos festivales, por lo que tuve que quedar con un grupo distinto. Esta vez me reuní con Rubén, uno de los compañeros de trabajo con los que es más fácil conectar, y un grupo de amigos suyos, que son súper heavies y, al igual que Rubén, súper majos.

 

·          Tercero, que la organización era muy distinta, tanto en el orden de los conciertos como en la disposición de las zonas comunes. Me gustó que, a diferencia del Natural, en el Leyendas no tocasen varios grupos simultáneamente. De este modo quien quisiera podía escuchar absolutamente todos los grupos del cartel, siempre que aguantase 15 horas consecutivas de música heavy (supongo que a los grupos que tocasen entre las 12 del mediodía y las 6 de la tarde no les gustaría esta programación). Por el contrario, la zona de acampada era horrorosa en comparación con la del Natural (pese a estar al lado de la playa, el desorden era absoluto, no delimitada, pocas duchas, sin nada que protegiese del sol, escasa iluminación,…) y el recinto de los conciertos tampoco tenía punto de comparación.

 

·          En cambio, el grupillo que nos reunimos nos organizamos bastante mejor que en el Natural. Tuvimos el acierto de dejar el coche que trasportaba la bebida cerca del recinto de conciertos, para que cuando estuviésemos algo cansados no tuviésemos más que andar un poquito y reponer fuerzas en la “zona de avituallamiento”.

 

Partiendo de esta base, relataré las experiencias acumuladas durante aquellos dos días en los que el sonido heavy fue el protagonista absoluto.

 

Rubén y yo salimos de Murcia a eso de la una del mediodía, para llegar a destino unos 45 minutos después. Nada más llegar a Bolnuevo ya se palpaba un ambiente muy, muy parecido al del anuncio del gordo de la ONCE (el de la música de Europe, que podéis ver en la parte de debajo de esta entrada).

 

Era tiempo para montar la tienda de campaña –sitio al que no volveríamos hasta las 4 de la madrugada-. Aprovechando que la zona de playa nos pillaba a unos 100 metros,  se configuraba como un entorno idóneo para empezar a calentar motores con los bocatas que nos habíamos agenciado y con el primer mini de cerveza, que vino realmente bien dada la alta temperatura que, sin ser agobiante, es característica de la costa murciana en el mes de agosto.

 

Ya por entonces nos habíamos dado cuenta de una cosa, que derrumbaba uno de los mitos del mundo roquero: no todas las mujeres “heavies” son feas y están gordas. Sin embargo, sí que vimos a un par de ejemplares que parecían sacadas del mismísimo averno, y que hacían que uno se estremeciera (seguro que si David se hubiese venido lo habría flipado).

 

Poco después descubrimos una especie que nunca creímos que existiera. Resulta increíble, pero ahí estaba, un “tío” con pantalones ajustados de chica… y una camiseta entallada, también de chica. Indiscutiblemente, se trataba del genuino heavy gay, que debería ser objeto de estudio para los paleontólogos.  

 

Como aún era temprano, era cuestión de esperar a los demás miembros del grupo, que iban a llegar más tarde, y que además eran los portadores de la bebida que debía abastecernos durante todo el finde. Una vez “reagrupado el pelotón”, comenzamos a devorar birras, de manera que cayeron unas cuantas (un montón para ser sinceros) antes de entrar en la zona de conciertos.

 

El primer grupo que nos acercamos a ver fue Silver Fist, de los que ni siquiera conocía su existencia pero que me causaron una aceptable impresión. Después venía unos de los platos fuertes: Lujuría, que rayaron a muy buen nivel, haciendo bromas obscenas y jugando con una muñeca hinchable en el escenario.

 

Después fue una sucesión que alternaba concierto con beber cerveza y cubatas. En ese espacio de tiempo tocaron, entre otros, unos Saratoga que en directo no han acusado demasiado la pérdida de su anterior vocalista (Leo), y el grupo con más presencia en el escenario, y a la postre el que más conectó con el público. Son estas las razones que hacen de  WarCry uno de los grandes del panorama nacional.

 

El día se cerró para nosotros con unos clásicos. Por los Obús no pasa el tiempo, aunque los que llevábamos todo el día parados sí que dábamos ciertos signos de fatiga. Era el momento del último cubata y de irse a la tienda de campaña para descansar (malamente como siempre).

 

El sábado fue cuanto menos inusual. Como el calor era insoportable dentro de la tienda, nos levantamos antes de lo que hubiésemos deseado, más por salir de esa sauna en la que se había convertido el interior del “iglú”, que por haber recuperado las fuerzas suficientes para seguir de fiesta.

 

La buena noticia es que íbamos a tener una nueva incorporación al grupo, pero había que ir a Murcia a recogerlo. Así, a eso de las 11, Rubén al volante y yo de copiloto pusimos rumbo a la capital, donde aprovechamos para tomar una ducha en condiciones.

 

Ya de vuelta en Mazarrón, y dado que el calor sufrido el viernes en las horas centrales del día anterior no nos convencía, Rubén propuso ir a comer a casa de su abuela, que veraneaba en las cercanías, ofrecimiento que los demás aceptamos encantados.

 

Tras una hogareña acogida, y de una copiosa y riquísima comida, estábamos ya en condiciones de afrontar una nueva tarde de heavy. El plan fue similar a la tarde anterior: alternancia de conciertos y bebida. Así asistimos a las actuaciones de Tierra Santa, Paul Di´Anno (Ex-Iron Maiden), Rata Blanca, Sepultura –a cuyo término alguna gente del grupo decidió regresar a Murcia- y Rosendo.

 

En este punto los que quedábamos volvimos al campamento base, para tomar un último cubata (sin hielo eso sí) y pasar un ratillo matando el tiempo hasta que entrase el sueño. En esta tesitura escuchamos de fondo el sonido de los que cerraban el Leyendas, y como los Saurom parecían estar chulos, acudimos a verlos, aguantando hasta más de las cinco.

 

Ya solo quedaba retirarse a descansar para volver a casa la mañana siguiente. Estábamos destrozados, pero el esfuerzo había merecido la pena. Sinceramente podíamos decir: otro tipo de música se escucha, pero…

 

¡¡ El heavy metal hay que vivirlo !! 
 
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