La media maratón que no pudo ser

Hoy, 21 de octubre de 2007, se celebraba en Molina de Segura una media maratón para la que me había estado preparando concienzudamente durante el último mes y medio, pero en la que desafortunadamente no he podido participar.

No podemos elegir cuando vienen las lesiones, y a mí me ha pillado en uno de los peores momentos de cara a la preparación. Cuando notas molestias reiteradas en el gemelo a tan solo una semana y media de la prueba, además de forma tan intensa que las notas incluso cuando entrenas a ritmo muy bajo, lo mejor es dejarlo, intentar recuperarse lo antes posible y volver a disfrutar saliendo a correr cuando te recuperas completamente.

Pero ello no debe ocultar el cambio de sensaciones que he ido teniendo conforme iba avanzando mi preparación. Al margen del poco tiempo que las demás actividades me dejaban, recuerdo que cuando empecé a entrenar más o menos en serio, allá por las primeras semanas de septiembre, no me encontraba muy animado, ni muy convencido de llegar en buenas condiciones a la media maratón. Pero con el rodaje de los entrenamientos, y la buena programación que me había realizado mi buen amigo José Juan, la monotonía de los primeros días se iba volviendo en unas crecientes ganas de que llegaran las nueve de la noche para calzarme las deportivas y salir a recorrer las calles de Molina y de Alguazas durante un ratito.

De esta forma me iba convenciendo cada vez más de las posibilidades de mejorar mi marca del año anterior, de hecho incluso hace un par de semanas conseguí aguantar a muy buen ritmo durante más de una hora y media, lo que equivale a poco menos del tiempo que necesité en 2006 para completar la media maratón de Molina… pero dos días después me rompía definitivamente. A pesar del esfuerzo de mi fisioterapeuta (gracias Dina) por dejarme en condiciones, la suerte estaba echada.

Alguna gente me ha dicho que es una pena que cuando andaba tan bien tenga que dejarlo, pero yo no lo considero del todo así. Efectivamente, es una pena no poder correrla, pero me queda el consuelo de saber que estaba en el camino correcto, y de que ya habrá más oportunidades en el futuro.

Y así llegamos al día de hoy, al día de la prueba. La verdad es qu el tiempo ha estado algo nublado, sin que haya llegado a llover. Es decir, que las condiciones al final han sido bastante buenas. Como he conseguido despertarme a tiempo, me ha resultado muy grato bajar hasta la calle para ver pasar a los intrépidos corredores que osan desafiar los 21 kilómetros que les quedan por delante.

Aún no he tenido ocasión de preguntar a los conocidos que la han hecho qué tal ha salido todo, aunque seguro que ha estado bien y se lo han pasado en grande (si se puede pasar así después de estar corriendo más de una hora y cuarenta minutos), sobre todo por la sensación de satisfacción que queda después de haber terminado.

Enhorabuena a todos los que la habéis terminado, por el reto que ello supone. Pero también quiero felicitar a aquellos que han participado pero no han conseguido llegar a meta, porque han demostrado el amor a un deporte tan bonito como el atletismo.

 

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