Ron Dennis & Cía. (Parte I de II)

Como se puede deducir del nombre de esta entrada, se trata de la primera parte de una serie de dos entregas que estarán muy diferenciadas, pero al mismo tiempo muy relacionadas. A esta bien se la podría llamar Ron Dennis (y a la que le sigue & Cía).

Como todos sabéis, el pasado domingo se consumó el más grande de los esperpentos que jamás se han dado en la historia de la Fórmula 1. La historia es tan absurda que resulta difícil de explicar. Intentaré hacerlo lo mejor que pueda.

Los dos pilotos de la escudería McLaren llegaban a la última prueba del mundial como máximos favoritos para ganar el título. De hecho, solamente otro piloto, el finlandés del equipo Ferrari Kimi Raikkonen tenía opciones de alzarse con el triunfo final, pero partía con la suficiente desventaja como para que sólo un cúmulo de desastres hiciese realidad tal posibilidad le proclamasen campeón.

Pero centrémonos en el equipo McLaren. Por una parte estaba Fernando Alonso, que había sido bicampeón del mundo, con la experiencia suficiente para medir los tiempos de carrera, su desarrollo y los momentos en que arriesgar para conseguir el objetivo. Por otra, el novato Lewis Hamilton, que pese a sus trampas, decisiones egoístas y su juego sucio, estaba deslumbrando por su conducción atrevida y su raza en su primer año en la élite. Además, con una carrera deportiva vinculada siempre a Mc Laren, se había convertido en el “hijo deportivo” del director del equipo, Ron Dennis.

 

Y es que, pese a que se jactaban de repetir que ambos pilotos tenían igualdad de trato, lo cierto es que en todas las decisiones Lewis resultaba beneficiado. Además será casualidad o no, pero las averías en el motor siempre iban para el mismo, para Fernando Alonso.

Ese favoritismo por el hijo predilecto se extendió, como no podía ser de otra manera, a la última carrera. Mientras el niño al niño bonito le daban todas las facilidades, a Alonso tenía un coche que, intencionadamente o no, corría menos que un SEAT Seiscientos. La consigna era clara: Hamilton debía ser campeón sí o sí.

Pero Ron (¿alguien le ha dicho que tiene nombre de bebida alcohólica?) no se podía imaginar cuál iba a ser el desenlace de la historia. A su ahijado le pudo la presión y no dejó de cometer errores de lo que es, un principiante. Y como Alonso no podía correr más, ¡Toma! Raikkonen daba un golpe de efecto y se convertía en el campeón del mundial.

La moraleja es sencilla: la poca ética profesional del director, que se tradujo en dar ventajas a uno de sus pupilos en detrimento del otro, ha tenido como gran perjudicado al equipo en su totalidad. Podían haber sido campeones holgadamente y se han quedado con la miel en los labios. Es lo que tiene ofrecer un favoritismo tan descarado…

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Un pensamiento en “Ron Dennis & Cía. (Parte I de II)

  1. Pues sí, vergonzoso del señor Ron y su equipo Mclaren, todo el año ha sido un desprecio absoluto a un bicampeón del mundo, alguien que les ha traido patrocinadores, un buen coche y les ha devuelto a la senda de las victorias, lo peor de todo es que no ha ido de cara, no ha sido claro para decir que su favorito era Hamilton, se ha hecho justicia con él, que no con Alonso, pero la victoria de Kimi casi que suena a media victoria de Alonso y todos los que somos su afición.

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