Tirar el verano

Tirar las vacaciones, tirar el verano. En mi opinión, eso es lo que hacen quienes, tras un duro año de trabajo, se toman unos días ociosos en la etapa estival… para quedarse sentados en casa sin salir.

 

En principio, el periodo de descanso que por derecho constitucional nos corresponde a los trabajadores no significa que debamos forzosamente quedarnos tumbados en el sofá de casa, viendo la tele y vagueando. El verano ofrece una oportunidad ideal para realizar vida social, conocer a nueva gente, visitar nuevos lugares, pasar unos días en el campo o la montaña… ¡cualquier cosa menos quedarse encerrado!.

 

Generalmente, las personas tendemos a acordarnos siempre de aquellos hechos, de aquellas actividades, que se salen de nuestra rutina diaria habitual. Nadie se acuerda de qué hizo o pasó el tercer domingo de mayo del 2005, por ejemplo. Sin embargo, siempre se acordará de aquél viaje a Granada aquél fin de semana, o de aquella escapada a la sierra de Gredos o al Valle de Ricote con los amigos.

 

Si durante las vacaciones laborales, esa época en la que desconectas de la monotonía que supone el trabajo, y de las personas con las que se trata a diario, no desconectas esa rutina y haces cosas diferentes, al final estás desperdiciando el verano, malgastando las vacaciones, no aprovechando la oportunidad de hacer cosas que recordarás siempre y, por tanto, lo que estás haciendo a fin de cuentas es tirar tu vida.

 

No vale la excusa de no disponer de demasiado dinero, de que si hay que ahorrar para pagar la casa o el coche. Siempre se pueden hacer buenos planes que no resulten muy caros. Hace más el que quiere que el que puede.

 

Para eso, para quedarse encerrado en casa, mejor no pedir vacaciones, y seguir trabajando. Así al menos se contribuye a levantar la alicaída economía española, que tan penosamente marcha en los últimos meses.

 

 

En mi caso, hace ya dos años que lo más lejos que fui en periodo estival fue a Lo Pagan, lo que, teniendo en cuenta que está a 80 kilómetros de mi residencia habitual, no es mucho. Pero es que era o no ir a ningún otro sitio o ir solo, dada la dejadez de mis colegas. Desafortunadamente, cedí y me quedé en la Región de Murcia.

 

En aquél momento decidí que esa situación no se iba a volver a repetir, que iba a aprovechar el verano hasta el final, que no iba a dejar pasar ninguna oportunidad, y que me iba a divertir le pese a quién le pese. Hasta el momento no me puedo quejar, el año pasado estuve de concierto en concierto (Natural Music, Leyendas del Rock,…), para culminar la faena con un inolvidable viaje a Berlín.

 

Ese año, aún con varios planes incumplidos, la cosa tampoco marcha mal. He estado unos días por el norte de España, me ha dado tiempo a descansar en la playa (Lo Pagán, para variar) y ahora toca irse allende los mares, a Dublín para ser exactos. Uno de los enclaves por excelencia para tomar cerveza. Allí donde se fabrica esa deliciosa maravilla negra llamada Guinnes, y también esa otra rubia denominada Murphy.

 

Todavía me quedará a la vuelta una semana para disfrutar y buscar nuevas aventuras. Mientras tanto, otros que sigan tirando sus vacaciones, que sigan tirando sus vidas.

 Yo ya lo dije, una y no más (Once and no more, que dicen los británicos). Puedo asegurar que recordaré este verano… ¿Y tú?

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