Obama, Haciendo Historia

El pasado 4 de noviembre, Barack Obama hacía historia al convertirse en el primer presidente negro de los Estados Unidos. Con ello, queda demostrado que este país, el más poderoso económicamente, es también la mayor democracia del mundo. Es esto último algo que no debe olvidarse nunca, ni siquiera cuatro u ocho años atrás, cuando George W. Bush ganó las elecciones obteniendo mayor número de votos, aunque determinados círculos atribuyesen ese resultado a la manipulación de círculos de poder.

Lo cierto es que, también contrariamente a lo que se defiende desde muchos medios, yo creo que Obama sucederá al que ha sido un buen presidente, dadas las circunstancias que le han tocado. No es fácil que, al poco de resultar elegido, tu país sufra uno de los peores atentados terroristas de su historia. Así, su programa electoral inicialmente de carácter social –demasiado para tratarse de un político del partido republicano-, cuyo principal punto era la reforma de la seguridad social norteamericana, para propiciar una mayor cobertura a los jubilados, tuvo que rehacerse a marchas forzadas durante la legislatura. Un país tan poderosos como EEUU no puede permitirse el lujo de pasar por alto tal ofensa, debiendo ajustarse su respuesta a las exigencias, tal como se hizo.

En cualquier caso, la victoria de Obama significa también que se han vencido muchos prejuicios sobre la comunidad negra, y nos ha dado una valiosa lección al resto del mundo “desarrollado”. No obstante, también le tocará a Obama vivir una legislatura difícil. Esta vez no por el terrorismo, sino por el tema económico. La crisis desatada hace poco más de un año por el estallido de las hipotecas de alto riesgo, amenaza con ser duradera, e incluso con sumir al país en un periodo de recesión.

Por tanto, entre los diversos retos que se le plantean al nuevo presidente, articular una satisfactoria salida a la crisis será uno de los principales, fundamentalmente por lo que a solucionar el colapso financiero se refiere. Junto a ello, deberá abordar una profunda reforma del sistema de prestaciones sociales –tantas veces retrasado en la agenda de reformas-, para permitir una mayor cobertura, sobre todo en las familias de renta baja.

El nuevo presidente deberá definir además el nuevo marco de la política internacional, participando en los múltiples conflictos existentes: el tema de Irak, la cuestión nuclear de Irán, y el difícil equilibrio diplomático con Rusia, por destacar los más significativos. La necesaria lucha contra el terrorismo, que debe proseguir, se verá influenciada por estas cuestiones, así como la política de Seguridad Nacional.

Otro tema que no admite demora es el cambio climático. La principal potencia económica mundial, y una de las principales contaminadoras, no puede seguir obviando el aumento de las emisiones de CO2, ni ser un actor testimonial en el cumplimento del Protocolo de Kyoto, ni de las repercusiones globales de los aspectos relacionados con el medio ambiente.

Otro factor al que deberá prestar atención será favorecer la integración de las distintas etnias que conviven en Norte América, evitando el favoritismo hacia la comunidad afroamericana. En particular, sudamericanos y asiáticos son ya también colonias importantes cuyos intereses se deberán defender, así como los derechos de las comunidades nativas como los indios. Ello será inseparable a la necesidad de ordenar los flujos migratorios estadounidenses (los últimos estudios estiman en 12 millones el número de inmigrantes ilegales).

Será esencial, finalmente, que la crisis económica no afecte en exceso a las arcas públicas estadounidenses, lo que obligaría muy posiblemente a retrasar muchas de las propuestas de su programa electoral.

Pero, para todas estas cuestiones, cuenta con un respaldo suficiente. Porque, en las últimas elecciones no era tan importante qué candidato ganara –Obama o McCain- como que lo hiciera con un refuerzo suficiente en las cámaras alta y baja. Y, en este sentido, el partido demócrata de Obama ha conseguido mejorar la mayoría que ya tenía en la Cámara de Representantes (pasando de 235 a 261 representantes, de los 435 que componen la cámara), y en el Senado, que renovaba a un tercio de sus componentes (en este caso, los demócratas pasan a 56 senadores, de un total de 100 escaños, con lo que dejan aún a los republicanos con cierta capacidad de veto). En consecuencia, Obama cuenta con poder suficiente para sacar adelante su proyecto, lo que contribuirá a hacer frente a su principal reto en los próximos cuatro años, que como señalaba más arriba, estará relacionado con solventar la brutal crisis económico-financiera que asola el país.

Pero todo ello es posible, porque es la hora del cambio…

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5 pensamientos en “Obama, Haciendo Historia

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