Desvaríos desde Dubín (2ª Parte)

 

Viene de: Desvaríos desde Dublin (1ª parte)

El segundo día por Dublín comenzó con mi primer desayuno irlandés particular: café, zumo de naranja, un poco de queso (de color naranja por cierto), salchichas y unas cosas llamadas Hash brown (patatas rebozadas con aspecto de croqueta). Ya sé que es abundante, pero el buffet del hotel estaba muy bien, ya que todo resultaba muy sabroso y, a fin de cuentas, se trataba de desayunar fuerte, para perder el menor tiempo posible en la comida y poder seguir recorriendo la ciudad.

Ya en la calle, a eso de las 10 menos algo, nos dirigimos al noreste de la ciudad, bordeando el Liffey para ver el primer sitio de interés del día, la Custom House, un edificio neoclásico que antaño hacía las funciones de aduana del puerto de Dublín, y que hoy en día es sede de uno de los Ministerios del país. Desde ahí, nos dirigimos hacia el sur para poder ver con más detenimiento el Trinity College, no sin antes encontrarnos un museo contemporáneo con unas interesantes fotografías con efecto en 3-D (aunque la resolución resulta mejorable, lo cierto es que no dejan de llamar la atención). Una vez en el Trinity, eché en falta entrar a la biblioteca, pero el tiempo apremiaba y tocaba dirigirse al Museo Nacional de Historia. Más allá de lo aburrido que normalmente se piensa son los museos, la estancia allí resultó muy amena. Por una parte, destaco la magistral lección de historia que, sobre la etapa prehistórica, nos ofreció Dioni. Por otra, todo lo relativo a la organización social y militar, ver como evolucionaban las armas y herramientas que utilizaban, e incluso la posibilidad de ver varios cuerpos momificados (algunos de ellos de una estatura bestial para aquellos tiempos, con casi dos metros), resultó, de veras, fascinante.

Lo malo, que ver detenidamente todo ello lleva su tiempo, y te lo resta de las demás cosas, además de añadirte aún más desgaste físico. Como el St. Stephen Garden estaba justo al lado, aprovechamos para relajarnos un rato breve, que también sirvió para cerciorarnos de lo diferentes que resultan los jardines de Dublín de los de Murcia, ¡qué verde y bien cuidado está todo aquello!. Por entonces, ya toda la gente del grupo íbamos adquiriendo mayor complicidad los unos con los otros, comportándonos con más naturalidad, y haciendo comentarios graciosos e incisivos… iba a ser la tónica dominante durante el resto del viaje.

Ya a primera hora de la tarde, se iba a hacer evidente esa falta de tiempo a la que me refería más arriba. Aunque estuvimos un buen rato en la Galería Nacional, fue quizás más breve del que merecería, y no pudimos verla tan exhaustivamente como hubiésemos deseado. Así se nos hicieron las cinco de la tarde. Como allí casi todo cierra, como mucho, a las seis, había que darse prisa.

Nos pusimos rumbo al Dublín Castle, una residencia de la nobleza en siglos pasados. Cuando llegamos vimos que estaba cerrado, pero esa pequeña decepción iba a dar paso a una de las gratas sorpresas del viaje, al enterarnos del motivo de la clausura: ese mismo día se estaba rodando, allí mismo, la serie de televisión Los Tudor. Dándonos un paseo cerca del lugar de rodaje, vimos a varios figurantes cuando de lejos Dioni reconoció a Jonathan Rhys Meyer, protagonista de películas como Match Point, y que en la serie mencionada interpreta el papel de Enrique VIII. Lógicamente, le pedimos si podíamos hacernos unas fotos con él, a lo que gustosamente accedió. Así que, momentáneamente, nos retrotraímos dos siglos atrás para obtener una colección de instantáneas con el monarca inglés. Entre foto y foto, Andrés aprovechó para rebautizar al pobre Jonathan con un nombre muchos más ibérico: Juan Antonio Ruiz Mayor, el Asturiano.

Después fuimos a la Christ Church Catedral, que desafortunadamente estaba ya cerrada, debido a las horas que eran. Así que aprovechamos para tomar la ya consabida pinta de Guinnes para reponer fuerzas y volver, cansadísimos, al hotel. Ya por la noche, aprovechamos el bar del hotel –con precios asequibles y relativamente tranquilo, hasta que llegamos los españoles – para seguir tomando la espumosa negra. Reseñaré que aquella noche había una interpretación de música tradicional irlandesa, que al final se hizo bastante pesada. Después, en el propio bar del hotel, un grupito de señoras mayores –muy marchosas- estaban celebrando el cumpleaños de una de ellas, y no veáis como se puso a llorar de la emoción cuando todos los españolitos le cantamos el “Cumpleaños Feliz” en español. A los que en la entrada anterior pedían “detalles sucios” del viaje, diré que la cosa no fue a más jaja.

El tercer día consistió en seguir visitando puntos de interés: El Ayuntamiento, Dublín Castle y Christ Church Catedral –ahora sí que estaban abiertos!!-, el museo de Dublín Castle, la Saint Patrick Catedral y la Guinnes Sotorehouse, que cuenta con siete plantas en las que te van contando el largo y laborioso proceso de fabricación de la cerveza negra, para acabar con una degustación en la última planta. Entre el cansancio, que no nos habíamos pillado traductor, y que quedaba poco para que cerrasen, optamos por una vez vista la primera planta, hacer un recorrido express por las demás e irnos a por la correspondiente degustación.

Para la vuelta al hotel, como quedaba lejos, optamos por tomar un taxi, lo que se convirtió en una estupenda oportunidad para conocer un poco más las costumbres y el estilo de vida irlandés, así como de seguir practicando un poco el idioma y pillando el acento dublinés.

Lo que más me impresionó de lo visitado este día fueron, sin duda, las criptas de la Christ Church Catedral.

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