Elegir la vida

Choose life, choose your future. "Elige la vida. Elige un empleo. Elige una carrera. Elige una familia. Elige un televisor grande que te cagas. Elige lavadoras, coches, equipos de compact disc y abrelatas eléctricos. Elige buena salud, colesterol bajo y seguro dental. Elige hipoteca a interés fijo. Elige un piso piloto. Elige a tus amigos. Elige ropa deportiva y maletas a juego. Elige pagar a plazos un traje de marca en una amplia gama de putos tejidos. Elige bricolaje y preguntarte quién coño eres los domingos por la mañana. Elige sentarte en el sofá a ver tele-concursos que emboban la mente y aplastan el espíritu mientras llenas tu boca de puta comida basura. Elige pudrirte de viejo cagándote y meándote encima en un asilo miserable, siendo una carga para los niñatos egoístas y hechos polvo que has engendrado para reemplazarte. Elige tu futuro. Elige la vida… ¿pero por qué iba yo a querer hacer algo así? Yo elegí no elegir la vida: elegí otra cosa. ¿Y las razones? No hay razones. ¿Quién necesita razones cuando tienes heroína?"

Con este monólogo comienza una de las películas británicas más influyentes de los últimos quince años: Trainspotting. Lo cierto es que Mark Renton -el protagonista del filme- poco puede hacer para elegir su vida: es un drogadicto veinteañero cuya adicción solamente le llevaba a pensar en agigantar aún más sus vicios.

Si digna de lástima es su actitud, desde mi punto de vista no lo es menos otra forma de ser, a la que directamente alude Renton en su argumentación, la de quienes eligen sentarte en el sofá a ver tele-concursos que emboban la mente y aplastan el espíritu, la de quienes se dedican a calentar el sillón y dar forma al acolchado del sofá en los pocos ratos libres que el ya estresante ritmo de vida actual impone. La de quienes padecen inactividad ante la vida.

El verano, cuando la gran mayoría de españoles disfrutan de su merecido periodo de vacaciones, tras un arduo año de trabajo, es un buen momento para no parar ni un instante, para aprovechar y poder realizar todo aquello que los compromisos del resto del año impiden. Si tampoco se aprovechan estos momentos, si no se aprovechan estas oportunidades, uno se queda esperando a que vuelva a pasar un tren que ya nunca volverá, porque ni siquiera se hizo el esfuerzo de sacar el billete para subirse.

La forma de ser a la que me refería, lleva implícito el riesgo de ver pasar la vida, de llegar a los 80 años o incluso los 90 o 100, sin tener aprecio por los momentos vividos, teniendo la sensación de haber llevado una existencia que quizás no merezca la pena contar, sin nada que aportar.

Yo nunca fui –ni soy, ni seré- así. Creo que es importante elegir el futuro, pero para ello antes hay que elegir el presente, que es lo que intento hacer cada día, cada hora, cada minuto. Quizás no pasaré a la Historia, pero al menos tendré mi propia historia, esa de la que me sentiré orgulloso y que podré contar.

En el fondo, también Renton, aún consciente de su adicción, construía su presente, para alcanzar su sueño, “ser igual que vosotros. El trabajo, la familia, el televisor grande que te cagas, la lavadora, el coche, equipos de compact disc y abrelatas eléctricos. […] Ir tirando, mirando hacia delante, hasta el día en que la palmes”. Al menos esa es una alternativa.

 

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