¿Qué debe hacer España para salir de la crisis?

Inevitablemente, la situación de España ocupa desde hace unas fechas un lugar preeminente en los principales foros de actualidad económica internacional. Quizás tal logro obedezca a (de)méritos propios, pues llama la atención la incapacidad del país para salir de una situación que en su origen se anunciaba como una ligera desaceleración, ya que no se esperaba que la crisis financiera internacional desatada por la quiebra de Lehman Brothers en Estados Unidos fuese a tener una incidencia importante por estos lares.

Cinco años después de aquello, y pese a la multitud de medidas que se han puesto en marcha por todo tipo de poderes gubernamentales (desde locales o regionales, a nacionales o europeos), las perspectivas del país ibérico no pueden ser más negativas, siendo objeto de análisis de multitud de organismos e instituciones nacionales e internacionales.

En todos los informes realizados, siempre hay una pregunta que se intenta responder :

¿Qué debe hacer España para salir de la crisis?

Recientemente, la OCDE ha propuesto su particular recetario (se puede ver una síntesis en español en el diario El País) en un estudio dirigido a analizar exclusivamente el contecto español. Entre las medidas propuestas, destacan entre otras:

  • Aumentar (otra vez) el IVA, como si las dos subidas aplicadas en los últimos dos años no hubiesen sido suficiente (en 2010 el tipo general pasó del 16 al 18%, y en 2012 al 21%).
  • Abaratar (aún más) el despido, profundizando más en la reforma laboral aprobada este mismo año. Y eso, pese a que en otros informes la propia OCDE señalaba que “en economías deprimidas, este tipo de reformas (laborales) reportará beneficios más rápido solo si se ponen en marcha una vez que el mercado de trabajo muestra signos claros de recuperación”.
  • Que los jubilados cobren menos, extendiendo el cómputo de la pensión a toda la vida laboral (ahora mismo se contabilizan los 25 últimos años de vida laboral) y prolongar aún más el plazo necesario para lograr la pensión máxima (ahora mismo se logra con 37 años cotizados).
  • Minorar las prestaciones de desempleo, dificultando el acceso a las mismas y aumentadno los requisitos de búsqueda activa de empleo para los perceptores de tales prestaciones.
  • Elevar los impuestos sobre productos energéticos.
  • Liberalizar los horarios comerciales y reducir las barreras de entrada para las grandes superficies comerciales.
  • Liberalizar sectores específicos, como servicios profesionales, transporte ferroviario y por carretera.

Y todo ello, entre otras grandes barbaridades (y algunas pequeñas cosas sensatas, como por ejemplo la necesidad de “liquidar” las entidades financieras no viables).

¿Tienen sentido estas propuestas?

Sobre el papel, a lo mejor todo esto puede incluso llegar a quedar muy bonito y bien presentado.

Eso sí, de:

Fuente: Eurostat, precios de la electricidad en los hogares en el segundo semestre de 2011.

Fuente: AldeaGlobal.com

  • Contener los elevados beneficios empresariales para mantener los precios bajo control, como ha demandado hasta el el Banco de España.
  • Equiparar los salarios españoles a los europeos, pues la entrada en la UE primero y en la zona euro después ha impulsado la convergencia a la media europea en precios, pero no en salarios, que no han cesado de “encoger” en los últimos años.
  • Elevar la tributación a las grandes fortunas, imponiendo a quienes ganen más de un millón de euros una tributación del 75% en el IRPF, como acaba de aprobar el Gobierno de François Hollande en Francia.
  • Encarcelar a políticos y banqueros corruptos, esos de quienes el Comisario Europeo de Competencia, Joaquín Almunia, prefiere “no dar nombres y apellidos pero que si se hiciera saldría una lista relativamente larga”.
  • Garantizar unos servicios públicos de calidad, en lugar de aplicar un recorte tras otro recurriendo en el ámbito sanitario a medidas tan gravosas para las clases medias y bajas como el copago framaceútico, u otras de resultados tan dudosos como la gestión privada de centros sanitarios. ¿O acaso olvidamos que el gasto anual en Sanidad por habitante en España (2.122€ según Eurostat) es menor al de Alemania (3.280), Francia (3.388), Bélgica (3.416), Austria (3.326), u Holanda (3.861), por poner algunos ejemplos? En Educación, a conclusiones similares se llega si se observan los datos de Eurostat. ¿Tan insostenibles son los sistemas españoles de Sanidad y Educación cuando está demostrado que son  relativamente baratos en comparación con otros países?

Gasto público en educación, como porcentaje del PIB. Fuente: Eurostat

  • En definitiva, de mejorar el BIENESTAR de las personas,

De todo eso, la OCDE no ha dicho absolutamente nada. Qué lástima.

Una organización que debiera tener cierto reconocimiento internacional, se centra en números, en lugar de hacerlo en las personas, y obtiene unas conclusiones sin ningún fundamento real, completamente alejadas de los que requiere un país que lo está pasando tan mal como España. Debería revisar la situación de países como Grecia (como hace este brillante artículo de IFR), y las razones que la han llevado a su situación actual,  para ver que con sus “recetas” abocan a España al mismo destino.

Que unos mindundis extranjeros -que no conocen de nada España- nos vengan con cuentos chinos, no deja de ser bastante decepcionante. Estos analistas deberían cambiar sus supuestos méritos académicos por conocimiento de la realidad y por un poco (solo un poco) de sentido común.

De veras, no es tan dofícil poner un poco de criterio en las opiniones que uno pueda realizar, es cuestión de esforzarse un poco.

Se podría seguir abundando en otros muchos temas que toca por encima el informe de la OCDE (paro en los jóvenes -se olvida por cierto del paro de los “no jóvenes”, reforma del sistema financiero, déficit público,…) pero sería cabrearse aún más innecesariamente.

Leía recientemente la siguiente parábola en el Evangelio de San Juan (21, 5-11):

«De todo lo que ustedes contemplan, un día no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido”. Ellos le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo tendrá lugar esto, y cuál será la señal de que va a suceder?”. Jesús respondió: “Tengan cuidado, no se dejen engañar, porque muchos se presentarán en mi Nombre, diciendo: ‘Soy yo’, y también: ‘El tiempo está cerca’. No los sigan. Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones no se alarmen; es necesario que esto ocurra antes, pero no llegará tan pronto el fin”. Después les dijo: “Se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá grandes terremotos; peste y hambre en muchas partes; se verán también fenómenos aterradores y grandes señales en el cielo».

Después de reflexionar un poco sobre su contenido, y con lecturas como la referida de la OCDE, tengo más que nunca la convicción de que ahora sí que es seguro que estamos muy cerca del final.

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