Isabel la Católica: realidad y mito

Audiencia Isabel 2 diciembreUna de las series más exitosas de la televisión española en la actualidad es  Isabel, que recrea  la vida de una de las monarcas de mayor trascendencia en la Historia de la corona española.

Por el momento, la teleserie cala en la audiencia, hasta el punto de situarse entre los programas más vistos de su franja horaria. Por ejemplo, la emisión del último capítulo de la segunda temporada que tuvo lugar la noche del pasado 2 de diciembre, se situó como el cuarto programa más visto de ese día, con casi 3,4 millones de espectadores y una cuota de pantalla del 18,3%. Solamente las series El tiempo entre costuras y La que se avecina batieron ese registro.

Parte de ese éxito reside en la actriz que  da vida al personaje principal, la joven Michelle Jenner. De hecho, me da la impresión que productores y guionistas aprovechan el tirón de la intérprete para trasladar parte de sus cualidades al personaje histórico, que aparece caracterizado como  una persona joven, atractiva, atlética, impulsiva, proactiva, sana, con un gran carácter y una inusitada iniciativa. Actitudes, muchas de ellas, no muy bien valoradas en las féminas de la época por cierto.

Sin desmerecer los evidentes atributos de Jenner, ni el esfuerzo realizado por el equipo de la serie -que intenta ofrecer un reflejo aproximado de una parte de la Historia de España que resulta verdaderamente fascinante-, lo cierto es que la caracterización de Isabel I de Castilla es particularmente chocante, sobre todo después de contrastar diversas informaciones.

Parece ser que la lozanía de la actriz difiere bastante de la reina auténtica y real. O, al menos, cabría decir que existen opiniones encontradas. Por ejemplo, Javier Santamaría -en un interesante artículo-, defiende que “de nuestra gran reina digamos que la pobre, a no mucha edad, empezó a tener una salud harto delicada. Y si no juzguen el diagnóstico médico que, a toro muy pasado, hacen médicos actuales”. En concreto, Santamaría expone los siguientes síntomas padecidos por la reina: 

  1. Fiebre Prolongada.
  2. Edema, anasarca.
  3. Úlceras de las piernas.
  4. Sed incontrolable.
  5. Debilidad progresiva general y de los miembros inferiores.
  6. Convulsiones.
  7. Posible masa tumoral abdominal.
  8. Anemia; también palidez y pérdida de peso.
  9. Anorexia y pérdida de peso.
  10. Depresión.

A esta habría que añadir fiebres tercianas y paludismo. Al final, sostiene, “murió de una vasculitis”. Lo dicho, una descripción que coincide poco con las características físicas y médicas de Jenner -afortunadamente para ella-.

¿Que se pretende decir con esto? Pues nada que no se sepa ya: que aunque las series de televisión puedan servir como medio de entretenimiento, no ayudan en exceso a conocer de manera fidedigna la Historia real.

Para ello, sigue siendo más recomendable adquirir un libro bien documentado, que permita una aproximación más realista a un mundo radicalmente distinto del actual. Incluso, se puede recurrir al medio televisivo, pero al de los documentales. En ningún caso a las teleseries, cuyo objetivo principal no es el educativo o formativo, sino el de entretener.

Recurriendo a estos medios, sí que podremos adentrarnos en el conocimiento de una sociedad que poco se parece a la de hoy en día, con unas connotaciones diferenciadas que afectan desde los hábitos diarios, hasta las relaciones sociales o las condiciones de vida.

El contraste resulta evidente, y en este caso, hay que reconocer que la especie humana ha evolucionado a mejor. Pese a las críticas que podamos realizar al mundo contemporáneo, “es un hecho que la violencia se reduce y aumenta el altruismo. Ahora, tenemos las redes sociales, que nos abren una puerta con una capacidad infinita de cambiar conocimientos, entretenimientos… Es una revolución digital que aún no sabemos hacia dónde nos lleva”, como dice Eduard Punset.

Somos, en efecto, la actual es una generación de transición, de continuo cambio, pero que tiene la oportunidad de conocer -al menos de forma aproximada- cómo fue su pasado, algo de lo que no gozaron muchos de nuestros ancestros. Solo por ello, deberíamos estar agradecidos.  No lo olvidemos.

Fuente de la imagen: El Confidencial

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