El Muro de Berlín: destruyendo las barreras de la humanidad

  • Quizás la caída del Muro de Berlín marcó realmente el final del Siglo XX
  • El muro físico de Berlín cayó, pero otros igual de peligrosos de carácter psicológico persisten alrededor del mundo

9 de noviembre. Tal día como ese de 1989 se producía la caída del muro de Berlín. Bueno, mejor dicho, miles de alemanes se lanzaban a la calle para acabar con un armatoste de 155 kilómetros de longitud que durante mucho tiempo había excesivas connotaciones de todo tipo.

El Muro de Berlín separó durante casi 30 años –comenzó a construirse en 1961- no solo a familias de alemanes que perdieron el contacto por las complicadas derivaciones políticas surgidas de una guerra que para todo el mundo hubiese sido mejor que nunca se hubiese producido.

Restos del Muro de Berlín (Berlín, Alemania). Imagen propia.

Restos del Muro de Berlín (Berlín, Alemania). Imagen propia.

La muralla de la vergüenza dividía también el continente europeo en dos partes, en dos modos radicalmente de concebir el mundo. De un lado, la Europa moderna de aquel entonces representada por la Alemania Federal, una sociedad democrática en la que comenzaban a apreciarse valores asumidos como “normales” en la actualidad. Del otro, un mundo anclado en el comunismo soviético, una sociedad autoproclamada irónicamente “democrática”, pero donde los derechos ni libertades de sus ciudadanos no eran compatibles con dicha denominación. El único atisbo de democracia era el que figuraba en su nombre. Sus máximos exponentes eran Rusia y la República Democrática Alemana.

Oriente y Occidente. Diferencias que perduran

La caída del muro representó un hito más hacia el fin del comunismo entendido a la manera soviética, pues destapó las vergüenzas de la “Gran Madre Patria” y desveló –como nunca antes- que la Unión Soviética no era ya ese poderoso rival que los estadounidenses habían temido durante los años de Guerra Fría.

En este sentido, hay historiadores que consideran que, más allá de cuestiones cronológicas, el siglo XX acabó realmente en aquel lejano 1989, con la unificación de Alemania.

Ahora bien, no conviene confundir unificación con igualdad. Y es que aún hoy, veinticinco años después de todo aquello, se siguen advirtiendo diferencias muy marcadas entre la Europa occidental y la oriental. Conocido es que muchas de las antiguas repúblicas ex-soviéticas no han alcanzado los niveles de desarrolloy bienestar del resto de Europa.

Una muestra de ello se encuentra en la propia Alemania. En Berlín, ciudad icónica de la separación. Pese a los notables esfuerzos de integración realizados, basta con darse un fugaz paseo a ambos lados de lo que queda del muro para percatarse de que parecen, en realidad, dos urbes completamente diferenciadas. Arquitectónicamente, en el entorno, en el ambiente de las calles o a nivel de servicios públicos. Allí se notan como en ningún otro sitio las huellas que las decisiones del hombre dejan en la Historia.

Checkpoint Charlie, uno de los puntos de control del Muro (Berlín, Alemania). Imagen propia.

Checkpoint Charlie, uno de los puntos de control del Muro (Berlín, Alemania). Imagen propia.

Barreras físicas… y psicológicas

Un muro, el físico, cayó. Pero otro mucho más duradero y peligrosos, el psicológico, todavía se resiste a desaparecer completamente. En cualquier caso, es necesario que se derrumbe primero aquel para que después, con el tiempo necesario, la mente de las personas se abra a una nueva realidad.

Son esos mismos pasos los que también se deberán dar en esos otros muros de la vergüenza que existen alrededor del mundo. Me estoy refiriendo, por ejemplo, al que impide a los ciudadanos mexicanos acceder libremente a los Estados Unidos, al que está construyendo el gobierno de Israel en Cisjordania, o la valla que separa la ciudad española de Melilla de Maruecos para impedir la entrada de subsaharianos, por citar solo algunos de los casos más llamativos.

La construcción de muros quizás responda a la voluntad primigenia del ser humano de separar. De separar artificialmente un planeta que se creó sin barreras, y que así se debiera haber mantenido siempre.

El Papa Francisco llamaba hace no mucho a la oración para que “podamos fomentar una cultura del encuentro capaz de hacer caer todos los muros que aún dividen el mundo. Donde hay muros, hay corazones cerrados: hacen falta puentes, no muros”. No puedo estar más de acuerdo.

Hay que derribar todos los muros. Los físicos y los psicológicos. De otra manera, el ser humano jamás podrá llamarse a sí mismo ser racional, inteligente o humanitario.

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4 pensamientos en “El Muro de Berlín: destruyendo las barreras de la humanidad

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