De inflación y capacidad de compra

Precio del barril de petróleo Brent. En $.

Precio del barril de petróleo Brent. En $.

  • El descenso de la cotización del petróleo condiciona los niveles de inflación en los países desarrollados.
  • Las heramientas existentes para medir los gastos que afrontan las familias son manifiestamente mejorables.
  • Deberíamos distinguir mejor entre gastos necesarios para una vida digna y aquellos otros que son accesorios.

Aunque no lo creáis, en pleno siglo XXI la sociedad sigue dependiendo de un producto que, paradójicamente, tiene su origen en sedimentos orgánicos del pasado geológico más remoto.

Así, la evolución del precio del petróleo tiene una incidencia grandísima sobre la economía mundial. Que su cotización haya caído a la mitad en poco menos de un año ha generado un auténtico terremoto económico a escala global. Por ejemplo, entre sus múltiples efectos ha presionado a la baja el nivel general de los precios en la gran mayoría de países desarrollados.

Tan es así que la inflación mundial -medida por el Índice de Precios de Consumo o IPC-, que pretende aproximar el grado de encarecimiento o abaratamiento de los bienes que consumen las familias, ha caído durante 2015 a su mínimo de los últimos 6 años, y 13 de los 33 países analizados por Zero Hedge tienen tasas negativas.

Inflación media de 33 países. Fuente: Zero Hege.

Inflación media de 33 países. Fuente: Zero Hege.

Puede parecer irrelevante, si no fuera porque afecta directamente a nuestra calidad de vida diaria. De hecho, hay muchos, muchísimos indicadores que toman como referencia última la evolución de la inflación anual. ¿Ejemplos? gran parte de los salarios en España sin ir más lejos. Por una parte, si hay una tasa de inflación alta -gran encarecimiento del coste de la vida- los trabajadores exigirán aumentos salariales elevados para compensar esa pérdida de capacidad adquisitiva. En cambio,  menor inflación -como ocurre en la actualidad- conlleva menor poder negociador de los trabajadores para pedir aumentos retributivos.

Sin embargo, ¿Qué pasaría si el IPC no midiese bien el encarecimiento de los productos que compran las familias? ¿Qué pasa si la herramienta que utilizamos para medir falla? Esto es, si no es capaz de aproximar acertadamente la evolución del nivel general de precios. El nivel de incertidumbre que se crea en la sociedad puede ser alarmante, pues fruto de la manipulación estadística -la que aplicarían quienes realizan los cálculos de inflación- nos llevaría a un proceso de empobrecimiento social ocultado por los poderes públicos.

Situaciones así son relativamente habituales en países en desarrollo con instituciones pocos transparentes. Es lo que ocurre en Argentina  o en Venezuela por citar a dos “sospechosos habituales”.

Pero lamentablemente, es muy posible que eso sea lo que también está ocurriendo en la actualidad en buena parte de los países desarrollados. En supuestas democracias en toda regla. En algunos de los 33 países a los que se hacía referencia más arriba, pese a la moderada senda del IPC, los gastos principales que soportan las familias siguen creciendo indiscriminadamente.

Por ejemplo, recientemente The Guardian se hacía eco que en Reino Unido, pese a que la inflación está cercana al 0%, aumentan significativamente los tributos municipales, el suministro del agua, los impuestos municipales, el coste de las recetas, de las gafas, de los tratamientos dentales, o las facturas telefónicas.

¿Y en España? Pues casi lo mismo. En los cinco últimos años, pese a la situación de crisis económica, hay precios de bienes esenciales que no han dejado de subir: electricidad –caso palmario, por cierto-, pollo, aceite o huevos son ejemplo de ello.

Fuente: EuropaPress

Fuente: EuropaPress

Así pues, ¿Tiene sentido un indicador de precios que no refleja del todo bien la evolución de los principales gastos que afrontan las familias?

Quizás, el IPC no refleja bien los cambios que se producen en la composición del presupuesto familiar, pues no distingue entre el gasto en bienes esenciales -aquellos que son imprescindibles- y aquellos otros en los que los consumidores tienen mayor margen de renuncia en caso de dificultades financieras.

No tiene demasiado sentido que la evolución de unos pocos productos condicionen tanto la evolución del IPC, que no mide adecuadamente la evolución de los precios de los bienes esenciales.

Así que cuando veo los datos de IPC, me echo a reír, y pienso si alguna vez seremos capaces de desarrollar un indicador que de verdad mida bien el encarecimiento o abaratamiento del coste de la vida.

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11 pensamientos en “De inflación y capacidad de compra

    • Es más complicado que eso: intentan reflejar la evolución media de los precios de los productos que al cabo de un mes compra una familia. El problema es que al ser “la media” obvia que se encarecen más los productos de primera necesidad. Y claro, esto afecta sobre todo a las familias más pobres, donde esos productos representan la mayor parte de su “carro de la compra”. Una familia con pocos recursos, en un momento delicado, puede prescindir por ejemplo del tabaco, las bebidas alcohólicas o de ir al cine o el teatro. Pero no puede dejar de comprar pan, pollo o de tener luz en su casa. Y estos cambios de composición de la “cesta de la compra” de los más pobres son los que el IPC no es capaz de medir bien en muchos momentos porque calcula “la media”. Y si a eso añadimos la manipulación de los precios de la electricidad, la farsa ya es total. Esto enlaza con otra problemática: Mira que soy partidario de cierta moderación salarial, porque facilita la entrada al mercado laboral de los desempleados. Pero lo que no se puede hacer es, en momentos de congelación salarial como los actuales, dejar que bienes básicos como la electricidad suban como un cohete.

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