Los españoles y la lectura

Hay que reconocerlo: leer no está de moda, al menos entre los españoles. Sentarse tranquilamente y abrir un libro ya no es sexy. Eso es lo que se desprende de una de las últimas encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), en la que uno de cada tres españoles encuestados reconocía no leer libros nunca o casi nunca.

Y sinceramente, me extraña. Porque desde hace bastante tiempo, uno de mis momentos favoritos del día es el reservado a avanzar unas líneas en esos múltiples ensayos o historias que me enganchan con tanta facilidad. Siempre pensé que la lectura era una de las formas más fáciles para enriquecerse culturalmente. Da igual si se trata de una novela, un tratado filosófico, o un recetario de cocina, el solo hecho de perderse por unos instantes entre esos caracteres sobre fondo blanco nos ayuda a adquirir valores, a estar más cerca de nuestros objetivos, a ampliar nuestros horizontes, a reafirmar nuestros principios o a ver las cosas desde perspectivas diferentes. Incluso, por qué no, a pasar un rato entretenido y ameno, en el que desconectar del estrés diario.

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Quizás por ello no alcanzo a comprender por qué una buena parte de mis compatriotas no parece opinar como yo, no comparten esa misma afición por la literatura. Como decía, según el barómetro del CIS de septiembre de 2016, no es sólo que el 18% no lea libros nunca y otro 18% casi nunca, es que el 8% lo hace tan solo alguna vez cada tres meses y el 13% alguna vez al mes. Solamente el 15% lee libros una o dos veces por semana, mientras el 29% lo hace casi todos los días.

Es más, contrariamente a lo que se pueda pensar (dado el auge de lo que despectivamente se denomina generación ni-ni), el hábito de no leer se agrava con la edad: mientras el 23% de los jóvenes de entre 18 y 24 años no lee nunca o casi nunca, ese porcentaje se eleva al 36% en la cohorte de 55 a 64 años, y casi al 40% entre quienes superan esa edad. De hecho, en este segmento hay una gran polarización entre quienes raramente leen libros (el 40% citado) y quienes lo hacen casi todos los días (26,7%, porcentaje similar al de los más jóvenes de menos de 24 años).

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 (Puede verse una versión interactiva de este gráfico en este enlace)

¿Leemos más o menos que los demás europeos?

En cualquier caso, al menos reconocemos nuestros pecados, pues el 70% de los españoles considera que en general se lee poco (siempre según la encuesta citada). Si como se suele decir la detección del problema es el primer paso para resolverlo, en este caso hemos dado un paso de gigante para intentar acercarnos a los hábitos lectores de nuestros colegas europeos.

En efecto, y como se puede uno imaginar de lo expuesto hasta ahora, quedamos bastante por debajo de la media europea en lo que a lectura de libros respecta. Atendiendo a los resultados de 2013 (últimos disponibles al redactar este artículo) del Eurobarómetro, solo el 60% de los españoles confesaba haber leído al menos un libro en el último año, frente al 68% en los 27 países de la Unión Europea.

Quien vea el vaso medio vacío, dirá que quedamos muy lejos de Suecia, el líder indiscutibles con nueve lectores por cada diez habitantes. O incluso de Holanda, Dinamarca, Reino Unido o Alemania, todos ellos en torno o por encima del 80%.

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 (Puede verse una versión interactiva de este gráfico en este enlace)

Quien lo vea medio lleno, sostendrá que ganamos por goleada a nuestros vecinos portugueses (40%), a algunos estados mediterráneos como el griego (50%) y el italiano (56%) y a otros recientemente incorporados a la esfera comunitaria, como el búlgaro (55%), el rumano (51%) o el polaco. Quien no se conforma es sencillamente porque no quiere. ¿o no?

Sea como fuere, si los hábitos de lectura suscitan cierta inquietud cuantitativamente hablando, al pasar al plano cualitativo las dudas se amplifican.  Para muestra, dos botones:

Ya sé que no soy nadie para juzgar la calidad literaria de nadie, y que cada uno es libre de adquirir aquellas publicaciones que más le interesen porque, como decía al principio, el solo hecho de abrir una publicación es todo un éxito. No obstante, y desde mi humilde y posiblemente desacertado punto de vista, ambos hecho parecen un pequeño fracaso social.

No sé si se tratará de una cuestión idiosincrática, cultural o simplemente de preferencias personales, pero desde luego que identificar el origen de estas disfuncionalidades sin duda podría ayudar a ponerles coto y revertirlas.

Tres buenos deseos y una esperanza

Y es que, en realidad, me encantaría que los niños (tanto dentro como fuera de las aulas) y no tan niños viviéramos de una forma más cercana:

Bueno, supongo que soñar es gratis. Pero tengo comprobado que los españoles somos capaces de superarnos a nosotros mismos cuando nos lo proponemos. Así que seguro que pronto veo a muchas más personas por la calle portando orgullosas historias que desbordan la imaginación puestas en negro sobre blanco.

Mientras tanto, voy cerrando este post para abrir esas hojas encuadernadas que me llevarán Al sur de la frontera, al oeste del sol.

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