España y su ¿cambio de modelo productivo?

En el Debate sobre el Estado de la Nación que tuvo lugar el pasado 24 de febrero de 2015, el Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, defendía el “el cambio rumbo de la economía” española, que tras una larga recesión afronta este año un “2,4%”  y “que irá acompañado de la creación de 500.000 puestos de trabajo”.

Lo cierto es que expuso estos argumentos con tanta convicción, que por un momento me hizo albergar esperanzas de que en España se estaba produciendo ese ansiado cambio de modelo productivo que defiendo desde hace muchísimos años.

Así que me puse a buscar indicios que me lo confirmaran… para llegar a conclusiones desoladoras. Sigue leyendo

¿Qué aporta el Nobel de Economía 2014?

Jean Tirole, Nobel de Economía 2014. Fuente de la imagen: nobelprize.org

El francés Jean Tirole (Troyes, 1953) es el Premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel en 2014 (también conocido como el Premio Nobel de Economía). Toma de este modo el relevo al premio compartido el año anterior por Eugene F. Fama, Lars Peter Hansen y Robert Shiller.

Tirole es investigador en la Université Toulouse 1 Capitole -una de las más prestigiosas de Francia en Ciencias Económicas- y su nombre era un habitual en las quinielas para el Nobel ya en años anteriores, por lo que el resultado no es excesivamente sorpresivo.

Quizás una de las diferencias respecto a los galardonados del año anterior, es que su obra se centra más en el análisis teórico  que sus antecesores directos.

Y, aunque ha realizado importantes contribuciones en numerosas áreas de la Economía, la Real Academia Sueca de Ciencias destaca su aportación al análisis de la regulación y el poder de mercado, en el ámbito de lo que se denomina Organización Industrial.

Con este reconocimiento, parece que la Academia ha querido valorar más las aportaciones a la ciencia económica que la repercusión pública del candidato, al dejar de lado a otros economistas que habían sonado con fuerza los días anteriores al fallo, con más nombre pero quizás con menos méritos académicos. Entre ellos, se podría citar a Ben Bernanke, ex-Presidente de la Reserva Federal (el Banco Central de Estados Unidos), o al también francés Thomas Piketty, cuya última obra  Le Capital au XXIe siècle (El Capital en el Siglo XXI) ha sido un auténtico éxito de ventas (algo poco usual en el mundo de la Economía).

Tirole se suma así al hasta ahora único francés con un Nobel de Economía, Maurice Allais, que lo obtuvo en 1988.

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Murcia tendrá un crecimiento económico insuficiente en 2014

  • La Región de Murcia presenta en sus variables económicas una clara divergencia con España

Se exponía en una entrada anterior que la Región de Murcia no ha conseguido mejorar lo suficiente su situación económica como para permitir una mejora sostenible de los niveles de bienestar de sus ciudadanos. La debilidad de la demanda interna y el frenazo de las exportaciones son dos de los factores que explican esta pobre desempeño. Se comentaba, además, que se hace necesario reorientar las políticas públicas para ponerlas al servicio del impulso de la actividad económica.

La situación descrita requiere, en realidad, de una reacción inmediata, porque en el tramo final del año la economía murciana tomará algo de impulso, pero seguirá  muy lastrada por los factores antedichos, lo que le impedirá crecer al mismo ritmo que la economía española, que ya de por sí presenta una trayectoria bastante escuálida.

Y es que las estimaciones de crecimiento que para el conjunto de 2014 realizan diversas instituciones no invitan precisamente al optimismo.

PIB 2014 1

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A la economía murciana le cuesta despegar

  • La Región de Murcia se está quedando ligeramente rezagada en un proceso de recuperación de la economía nacional que -por otra parte- presenta notables deficiencias

Desde mediados de 2013, la economía española parece haber alcanzado un punto de inflexión, dejando atrás un largo periodo de intenso retroceso. Desde entonces, se aprecian leves signos de mejora que están permitiendo recuperar parte del PIB perdido desde finales de la década anterior.

De hecho, según las previsiones de crecimiento realizadas por distintas organizaciones y servicios de estudio, se espera que en 2014 el valor de la producción española crezca algo más de un 1% en comparación con el año anterior, lo que supondría el mayor avance desde 2008.

No obstante, esta moderada mejoría –que no compensa la enorme caída acumula en el periodo 2008-2013- no será homogénea en todo el territorio nacional, dado que habrá notables diferencias entre las diferentes Comunidades Autónomas.

Entre las que quedarán rezagadas se encuentra, lamentablemente, la Región de Murcia. Así se pone de manifiesto en las estimaciones disponibles para los tres primeros trimestres del año. Es cierto que la dinámica no es tan negativa como en anualidades anteriores, pero esta mejoría no ha sido suficiente para ponerse a la par de la evolución nacional.

Fuente: elaboración propia a partir de Boletín de Inflación y Análisis Macroeconómico. Instituto Flores de Lemus y Universidad Carlos III

Fuente: elaboración propia a partir de Boletín de Inflación y Análisis Macroeconómico. Instituto Flores de Lemus y Universidad Carlos III

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La necesidad de adaptarse a los cambios

El mundo actual está en constante cambio. Tanto que el futuro más inmediato es muchas veces impredecible. En el ámbito de los negocios, esta es una máxima que se cumple con más frecuencia de la que quizás desearíamos.

Por ejemplo, gran parte de la economía mundial actual se basa en el comercio internacional, en el transporte de las mercancías de un lugar a otro. Y en este modelo, el transporte marítimo -por ser uno de los más baratos y tener una buena relación fiabilidad/precio- juega un papel fundamental. Sigue leyendo

Historia del disparatado endeudamiento de los municipios españoles (y murcianos)

Por Jesús Maeso Romero

Hubo una época en la que los Ayuntamientos españoles nadaban en la abundancia, fruto del dinero procedente del “boom” urbanístico que vivía España no hace mucho tiempo, y que se materializaba en ingresos derivados de impuestos asociados a la construcción (como el IBI) o de los famosos convenios urbanísticos.

En aquellos años de opulencia, muchos ediles, cegados por unos recursos que parecían no tener fin, se lanzaron a promover proyectos quiméricos sin tener en cuenta los efectos que sus acciones iban a tener a largo plazo. Lo importante era presentarse ante los ciudadanos con una serie de obras con gancho con las que atrapar sus votos. Daba la sensación de que el que tuviera menos que el pueblo vecino parecía tonto. Imperaba la ley del “cuanto más mejor”.

Y así, sin casi darse cuenta, los consistorios iban acumulando silenciosamente una creciente deuda, que parecía no importar: como cada vez habría más recursos del boyante negocio inmobiliario, no existiría problema alguno en pagar en un fututo. No fue así, poco después llegaron las vacas flacas, y la lentitud en la reacción de los consistorios permitió que incluso en los años más duros de la crisis la bola de nieve continuase haciéndose más grande. Sigue leyendo

¿Crear más riqueza o repartir mejor?

Ayer, un vecino de la pedanía murciana de La Ñora decidía poner fin a su vida, pues consideraba que esa era la mejor -quizás la única- forma de quitarse de encima para siempre las deudas que le agobiaban. Prefería suicidarse a reconocer ante su familia que iba a ser desahuciado.

Curiosamente, semanas antes otro afortunado y anónimo vecino de la misma localidad resultaba ganador de la lotería del Bonoloto y se hacía con un premio de más de 1,7 millones de euros.

Al margen de la influencia de la suerte en un caso, y de la injusta legislación hipotecaria en el otro, la situación da que pensar sobre el desigual reparto de la riqueza en el mundo. Quizás si el desconocido ganador hubiese obtenido un poquito menos, y Antonio (DEP) hubiese tenido unos cuantos euros más, se habría conseguido salvar una vida, sin perjudicar excesivamente a nadie.

Así pues, el asunto merece una pausada reflexión en torno a la siguiente cuestión ¿Y si lo importante no fuese crear más riqueza, sino repartir más equitativamente la que ya hay?

Y entonces, uno repara en que desde el inicio de la crisis la desigualdad social se ha disparado en España. Y no solo eso, sino que nuestro país es el que presenta las mayores desigualdades de la Eurozona, debido, entre otras cosas, a que es el que tiene una mayor distancia entre las rentas altas y las bajas, a que los trabajadores se quedan cada vez con una parte menor del “pastel” en beneficio de las rentas empresariales, y a que más del 20% de la población vive ya por debajo del umbral de la pobreza. . De hecho, España no solo no tiene igual en la Eurozona, sino que es el país de la OCDE donde más se han agravado las desigualdades sociales en los últimos años.

Fuente de la imagen: El País

Son, por tanto, datos para la alarma, pues parecen tener cierta relación con el proceso que se esta dando a nivel mundial para que los pobres sean más pobres, y los ricos más ricos, y que afecta incluso a los países con mayor renta per cápita, pero que en nuestro país avanza a ritmos excesivamente acelerados.

Y, entonces, es momento de preguntarse: ¿se puede cambiar esta situación?¿Qué hay que hacer para que cambie?¿Se podría salvar la vida de personas con ello?¿Y si probamos -por una vez- a hacer las cosas de forma distinta?

España-Francia ¿motivos para alardear?

Hay que reconocerlo. Pocos espectáculos son capaces de congregar a tal cantidad de gente y desatarr tantas pasiones como el fútbol. Y, cuando se trata de partidos entre selecciones nacionales, sirve además para que los aficionados saquen a relucir su “orgullo patrio” que todos guardamos en nuestro interior.

Por ello, no es de extrañar que hace unas fechas muchos españoles se alegrasen enormemente por la importante victoria que “La Roja” obtuvo frente a nuestros vecinos del norte, a “les bleus” franceses, más aún cuando el partido se disputaba en tierras “gabachas”.

Frente a este éxtasis casi general del momento en tierras hispanas, cabe hacer, en frío y con cierta objetividad, reflexiones más profundas sobre la relación entre España y Francia, y no sólo por lo que respecta al apartado futbolístico.

Debiéramos plantearnos, por ejemplo, cuestiones como ¿realmente los españoles somos tan superiores? ¿deberíamos estar tan contentos?

Yo, la verdad, no veo motivos para la alegría y la satisfacción, si tenemos en cuenta que:

  • Francia muestra una tasa de paro del 10,5%, cifra inferior a la media europea (11,8%), mientras que en España es más del doble de dicha media (26,1%), situándose solo por debajo Grecia (26,4%). Primer gol de Francia, que inicia la remontada.
  • La economía francesa, pese a haberse estancado en 2012 (0,0%), viene de crecer un 1,7% en 2011, registros mejores que los de España en esos años (-1,4% y -0,4%, respectivamente). 2-0 para los “bleus”.
  • Mientras que aquí cobramos, de media, 9,4€ por hora trabajada, en Francia reciben 13,7€, ¡un 45% más!
  • Pero… ¿qué menos se puede esperar de un país en el que el salario mínimo es de 1.321 euros al mes? ¡Si es casi el doble del SMI de 728€ de España (cifras referidas al salario prorrateado en 12 pagas mensuales)! 3-0, por toda la escuadra.
  • Los trabajadores franceses son capaces de producir en un año un 30% más que la media europea, y un 22% más que los españoles, pese a trabajar menos horas (recordemos que la jornada laboral en Francia es de 35 horas). Parece que no son tan vagos como algunos fabricantes de neumáticos estadounidenses creen. ¡Zas en toda la boca! A estas alturas, ya he perdido la cuenta del resultado.
  • Ni siquiera en materia sanitaria -de la que siempre hemos alardeado los españoles-podemos darles un poco de envidia: se gastan en ello el 8,7% de su PIB, frente al 7% hispano.
  • En educación no andamos mucho mejor, y no solo por los resultados del informe PISA: se gastan el 5,9% de su riqueza en educación pública, frente a nuestro 5,0%.
  • Además, mientras el 22% de la población española vive ya por debajo del umbral de la pobreza, en Francia ese porcentaje se reduce solamente al 14%, pero es comprensible si se tiene en cuenta que ellos se gastan el 33% de su PIB en políticas de protección social. Nosotros, un escueto 25%.
  • Para colmo, mientras el presidente francés Hollande piensa cómo hacer que los ricos y las grandes empresas paguen más impuestos, Rajoy aplica una amnistía fiscal a los pudientes y cose a impuestos a las clases medias, subiéndoles el IVA y el IRPF. Va a ser cosa del talante.

A estas alturas, ya casi mejor nos olvidamos de seguir haciendo comparaciones en las que nos llevamos goleadas de escándalo, y nos vamos a tomar unas cervezas para celebrar la victoria del combinado español y olvidarnos un poco de la triste realidad en la que vivimos.

Porque, la verdad, no me importaría perder un partido de fútbol de vez en cuando a cambio de disfrutar de una calidad de vida muy superior. No estoy diciendo con ello que Francia sea el mejor país del planeta para vivir, pero sí que creo que hay algunos aspectos en los que los españoles deberíamos copiarles descaradamente.

Francia España

Mejorar la competitividad requiere mucho más que una Reforma Laboral (según Ruiz Conde)

Estos últimos días he leído un interesante artículo de J. Ignacio Ruiz Conde -Doctor en Economía, e Investigador de la organización Fedea, entre otros muchos méritos profesionales- titulado “Salarios: competitividad y competencia” que me ha gustado muchísimo, y que puede leerse en el siguiente enlace:

http://www.eldiario.es/zonacritica/Salarios-Competitividad-Competencia_6_99100109.html

El texto está realmente bien porque se exponen claramente algunos de los motivos por los que la economía española no levanta cabeza desde hace unos años. En particular, centra sus argumentaciones en dos puntos principales: el mercado laboral y el nivel de competencia (o más bien de ausencia de ella) en determinados sectores económicos de España.

Yo pensaba que la exposición de Ruiz Conde estaba meridianamente clara hasta que un amigo me ha alertado que el artículo ha generado muchas críticas y malentendidos, que se han manifestado repetidamente en los comentarios realizados por los lectores (que también se pueden leer en el enlace anterior).

Me gustaría, pues, resumir a grandes rasgos los temas principales que aborda el autor, simplificandolos un poco, resumiéndolos y evitando utilizar los (pocos) tecnicismos que utiliza el autor. De esta forma, se expone a continuación buena parte del contenido, pero presentado de otra forma para que no haya lugar a malinterpretaciones.

Para ello, se estructura este resumen en dos sencillos apartados:

  • Claves para mejorar la competitividad
  • Aplicación práctica de las “claves”

Mejorar la competitividad

En los últimos años, los poderes públicos españoles parecen tener una marcada obsesión por mejorar la competitividad de la economía española y, más concretamente, de sus empresas. Persiguen que las compañías españolas puedan producir sus bienes a un coste inferior al actual, lo que les permitirá ofertarlos a un precio también menor y, por tanto, en mejores condiciones que sus competidores de otros países. Con ello, en teoría se ganaría cuota de mercado en los mercados internacionales, lo que permitiría mejorar el bienestar de la sociedad española.

A grandes rasgos, para mejorar esa competitividad, y reducir los precios de nuestros productos, hay -según Ruiz Conde- tres vías principales:

1 – moderar salarios;

2 – moderar otros costes de producción;

3 – moderar el beneficio empresarial.

En los últimos años, el Gobierno ha incidido mucho en el primero (con medidas como la controvertida reforma laboral), pero poco en los otros dos.

Respecto a la Reforma Laboral, dos de sus contenidos principales eran abaratar el despido y favorecer la moderación salarial (e incluso las reducciones de sueldos), que se vería asimismo facilitada por el “miedo” de los trabajadores a un despido más barato. Cree el autor que “aún es pronto para valorar qué efecto está dominando: si abaratar el despido está incentivando la bajada de salarios o directamente el aumento de los despidos”. El mecanismo es en cualquier caso peligroso, porque “una empresa puede decidir bajar sus costes laborales bajando los salarios de todos los trabajadores o despidiendo a los actuales y contratando otros más baratos”. Ruiz Conde reconoce abiertamente que el segundo mecanismo, que podríamos denominar “ despedir al padre para contratar al hijo”, es mucho más dramático socialmente: (ya que) el Estado del bienestar español no está preparado para ello.

Además, sostiene que, para que la situación económica española mejore, los ahorros de costes que se consigan vía reducción de salarios, no deben destinarse a mejorar el margen comercial o beneficio empresarial, sino a reducir los precios del producto final para poder competir con otras empresas mundiales en mejores condiciones.

Pero decíamos al principio que había otras dos vías para mejorar la competitividad: moderar beneficios y reducir los costes no laborales (consumos, materia prima, transporte,…).

Una de las (diversas) medidas que pueden ayudar a conseguir estos objetivos es fomentar la competencia empresarial, facilitando por ejemplo la entrada de nuevas empresas en el mercado, que ofrezcan los productos en mejores condiciones -cabe imaginar, por ejemplo, que si hay muchas empresas produciendo el mismo producto, tendran menor poder de negociación frente al cliente, habrá más competencia entre ellas y ofrecerán un precio más asequible y un producto más barato-.

Lamentablemente, en España hay muchos sectores en los que -siempre según el autor- no se aprecian niveles de competencia suficiente, operando determinadas compañías en régimen de oligopolio (unas pocas empresas se reparten el mercado) o incluso monopolio (una sola empresa acapara todo el mercado) en la práctica, con el consiguiente perjuicio para todo tipo de consumidores.

La situación es particularmente grave cuando los sectores que operan así son aquellos que fabrican o producen bienes que no solo se venden a un consumidor o cliente final (esto es, al ciudadano de calle), sino que a su vez también sirven a otros sectores y compañías para producir sus respectivos bienes (se puede pensar por ejemplo en la electricidad, que la usa tanto un ciudadano normal, como las restantes industrias para fabricar sus productos, desde un pequeño comerciante para iluminar su tienda hasta una gran siderúrgica para sus procesos de fundición), pues generan una importante distorsión sobre toda la cadena productiva.

Por desgracia, ver esta situación en España es demasiado frecuente. No hay más que ver los casos de la electricidad, la gasolina, las líneas de banda ancha, o -aunque no lo señala Ruiz Conde- el suministro de agua, entre otros, que ofrecen sus productos a precios mucho más elevados de lo que debieran (lo que les permite posiblemente tener más beneficios o pagar salarios más altos de los que les corresponderían en libre competencia), y siempre a unos niveles mucho más elevados que en la mayoría de los países europeos de su entorno.

Como decíamos esto es muy grave porque esos bienes se utilizan también para la producción de otros bienes (es decir, forman parte de lo que más arriba se ha llamado “otros costes de producción”) y encima esas empresas tienen lo que podríamos denominar “clientes cautivos”: cualquier familia media necesita para su vida diaria esos bienes (esa electricidad, ese gasolina, ese agua), y se ve obligada a contratar forzosamente con esas “empresas malvadas”.

Si se incidiera en mejorar la competencia solamente en esos sectores, todo nuestro tejido productivo podría ofrecer sus productos en mucho mejores condiciones, y los consumidores españoles se verían asimismo beneficiados.

Un sencillo caso práctico

Veamos un ejemplo sencillo: si se favoreciese la entrada en España de empresas que ofreciesen la luz más barata, las demás industrias estarían en disposición de fabricar y vender sus productos a un precio menor.

Por tanto, con el mismo sueldo, una persona podría gastar más luz (porque es más barata) y comprar más de otros productos (que ahora son más baratos).

Entonces, no necesitaría grandes aumentos salariales para mantener su nivel de vida, puesto que podría comprar lo mismo con menos dinero.

Esta contención salarial permite a su vez a su empresa fabricar aún más barato, de lo que se beneficia tanto ese como el resto de trabajadores (que podrán comprar más de esos bienes)… Y parece que así, casi “por arte de magia”, nos volvemos sistemáticamente más competitivos -somos capaces de vender más, a mejor precio- y a la vez todos mejoramos (salvo los propietarios de las antiguas empresas energéticas).

Creo que esa es la idea que subyace del artículo de Ruiz Conde, y es realmente muy importante para entender por qué España ha llegado a donde está. De hecho, solucionar los graves problemas de competencia que hay en determinados sectores será esencial para “salir del hoyo”.

Que no se nos olvide tampoco otra idea: no conseguiremos mejorar la competitividad de la economía española si las medias ya adoptadas por el Gobierno tendentes a favorecer la moderación salarial (y abaratar el despido) no se acompañan de otras que persigan contener el margen empresarial, reducir los costes no salariales, y mejorar los niveles de competencia en determinados sectores.

¿Qué debe hacer España para salir de la crisis?

Inevitablemente, la situación de España ocupa desde hace unas fechas un lugar preeminente en los principales foros de actualidad económica internacional. Quizás tal logro obedezca a (de)méritos propios, pues llama la atención la incapacidad del país para salir de una situación que en su origen se anunciaba como una ligera desaceleración, ya que no se esperaba que la crisis financiera internacional desatada por la quiebra de Lehman Brothers en Estados Unidos fuese a tener una incidencia importante por estos lares.

Cinco años después de aquello, y pese a la multitud de medidas que se han puesto en marcha por todo tipo de poderes gubernamentales (desde locales o regionales, a nacionales o europeos), las perspectivas del país ibérico no pueden ser más negativas, siendo objeto de análisis de multitud de organismos e instituciones nacionales e internacionales.

En todos los informes realizados, siempre hay una pregunta que se intenta responder :

¿Qué debe hacer España para salir de la crisis?

Recientemente, la OCDE ha propuesto su particular recetario (se puede ver una síntesis en español en el diario El País) en un estudio dirigido a analizar exclusivamente el contecto español. Entre las medidas propuestas, destacan entre otras:

  • Aumentar (otra vez) el IVA, como si las dos subidas aplicadas en los últimos dos años no hubiesen sido suficiente (en 2010 el tipo general pasó del 16 al 18%, y en 2012 al 21%).
  • Abaratar (aún más) el despido, profundizando más en la reforma laboral aprobada este mismo año. Y eso, pese a que en otros informes la propia OCDE señalaba que “en economías deprimidas, este tipo de reformas (laborales) reportará beneficios más rápido solo si se ponen en marcha una vez que el mercado de trabajo muestra signos claros de recuperación”.
  • Que los jubilados cobren menos, extendiendo el cómputo de la pensión a toda la vida laboral (ahora mismo se contabilizan los 25 últimos años de vida laboral) y prolongar aún más el plazo necesario para lograr la pensión máxima (ahora mismo se logra con 37 años cotizados).
  • Minorar las prestaciones de desempleo, dificultando el acceso a las mismas y aumentadno los requisitos de búsqueda activa de empleo para los perceptores de tales prestaciones.
  • Elevar los impuestos sobre productos energéticos.
  • Liberalizar los horarios comerciales y reducir las barreras de entrada para las grandes superficies comerciales.
  • Liberalizar sectores específicos, como servicios profesionales, transporte ferroviario y por carretera.

Y todo ello, entre otras grandes barbaridades (y algunas pequeñas cosas sensatas, como por ejemplo la necesidad de “liquidar” las entidades financieras no viables).

¿Tienen sentido estas propuestas?

Sobre el papel, a lo mejor todo esto puede incluso llegar a quedar muy bonito y bien presentado.

Eso sí, de:

Fuente: Eurostat, precios de la electricidad en los hogares en el segundo semestre de 2011.

Fuente: AldeaGlobal.com

  • Contener los elevados beneficios empresariales para mantener los precios bajo control, como ha demandado hasta el el Banco de España.
  • Equiparar los salarios españoles a los europeos, pues la entrada en la UE primero y en la zona euro después ha impulsado la convergencia a la media europea en precios, pero no en salarios, que no han cesado de “encoger” en los últimos años.
  • Elevar la tributación a las grandes fortunas, imponiendo a quienes ganen más de un millón de euros una tributación del 75% en el IRPF, como acaba de aprobar el Gobierno de François Hollande en Francia.
  • Encarcelar a políticos y banqueros corruptos, esos de quienes el Comisario Europeo de Competencia, Joaquín Almunia, prefiere “no dar nombres y apellidos pero que si se hiciera saldría una lista relativamente larga”.
  • Garantizar unos servicios públicos de calidad, en lugar de aplicar un recorte tras otro recurriendo en el ámbito sanitario a medidas tan gravosas para las clases medias y bajas como el copago framaceútico, u otras de resultados tan dudosos como la gestión privada de centros sanitarios. ¿O acaso olvidamos que el gasto anual en Sanidad por habitante en España (2.122€ según Eurostat) es menor al de Alemania (3.280), Francia (3.388), Bélgica (3.416), Austria (3.326), u Holanda (3.861), por poner algunos ejemplos? En Educación, a conclusiones similares se llega si se observan los datos de Eurostat. ¿Tan insostenibles son los sistemas españoles de Sanidad y Educación cuando está demostrado que son  relativamente baratos en comparación con otros países?

Gasto público en educación, como porcentaje del PIB. Fuente: Eurostat

  • En definitiva, de mejorar el BIENESTAR de las personas,

De todo eso, la OCDE no ha dicho absolutamente nada. Qué lástima.

Una organización que debiera tener cierto reconocimiento internacional, se centra en números, en lugar de hacerlo en las personas, y obtiene unas conclusiones sin ningún fundamento real, completamente alejadas de los que requiere un país que lo está pasando tan mal como España. Debería revisar la situación de países como Grecia (como hace este brillante artículo de IFR), y las razones que la han llevado a su situación actual,  para ver que con sus “recetas” abocan a España al mismo destino.

Que unos mindundis extranjeros -que no conocen de nada España- nos vengan con cuentos chinos, no deja de ser bastante decepcionante. Estos analistas deberían cambiar sus supuestos méritos académicos por conocimiento de la realidad y por un poco (solo un poco) de sentido común.

De veras, no es tan dofícil poner un poco de criterio en las opiniones que uno pueda realizar, es cuestión de esforzarse un poco.

Se podría seguir abundando en otros muchos temas que toca por encima el informe de la OCDE (paro en los jóvenes -se olvida por cierto del paro de los “no jóvenes”, reforma del sistema financiero, déficit público,…) pero sería cabrearse aún más innecesariamente.

Leía recientemente la siguiente parábola en el Evangelio de San Juan (21, 5-11):

«De todo lo que ustedes contemplan, un día no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido”. Ellos le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo tendrá lugar esto, y cuál será la señal de que va a suceder?”. Jesús respondió: “Tengan cuidado, no se dejen engañar, porque muchos se presentarán en mi Nombre, diciendo: ‘Soy yo’, y también: ‘El tiempo está cerca’. No los sigan. Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones no se alarmen; es necesario que esto ocurra antes, pero no llegará tan pronto el fin”. Después les dijo: “Se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá grandes terremotos; peste y hambre en muchas partes; se verán también fenómenos aterradores y grandes señales en el cielo».

Después de reflexionar un poco sobre su contenido, y con lecturas como la referida de la OCDE, tengo más que nunca la convicción de que ahora sí que es seguro que estamos muy cerca del final.