Historia del disparatado endeudamiento de los municipios españoles (y murcianos)

Por Jesús Maeso Romero

Hubo una época en la que los Ayuntamientos españoles nadaban en la abundancia, fruto del dinero procedente del “boom” urbanístico que vivía España no hace mucho tiempo, y que se materializaba en ingresos derivados de impuestos asociados a la construcción (como el IBI) o de los famosos convenios urbanísticos.

En aquellos años de opulencia, muchos ediles, cegados por unos recursos que parecían no tener fin, se lanzaron a promover proyectos quiméricos sin tener en cuenta los efectos que sus acciones iban a tener a largo plazo. Lo importante era presentarse ante los ciudadanos con una serie de obras con gancho con las que atrapar sus votos. Daba la sensación de que el que tuviera menos que el pueblo vecino parecía tonto. Imperaba la ley del “cuanto más mejor”.

Y así, sin casi darse cuenta, los consistorios iban acumulando silenciosamente una creciente deuda, que parecía no importar: como cada vez habría más recursos del boyante negocio inmobiliario, no existiría problema alguno en pagar en un fututo. No fue así, poco después llegaron las vacas flacas, y la lentitud en la reacción de los consistorios permitió que incluso en los años más duros de la crisis la bola de nieve continuase haciéndose más grande. Sigue leyendo

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